Foto: Archivo / EL TIEMPO
A la estación de policía de La Canderia, ubicada en el centro de Medellín, pertenecían los uniformados involucrados. La Fiscalía los acusa de concierto para delinquir agravado y hurto calificado.
Por extorsiones, fleteo, secuestro de objetos valiosos para cobrar rescate, venta de drogas, robo, falsificación de documentos y receptación de sobornos investigan a los cinco uniformados detenidos.
Los uniformados, adscritos a la estación La Candelaria, habrían montado una 'policía' paralela con civiles a los que uniformaban para cometer los presuntos delitos.
Aunque el pasado 4 de septiembre fueron capturados 14 policías y dos civiles, solo cinco continúan detenidos.
Una vez más las interceptaciones de llamadas durante cinco meses fueron la clave para que el CTI de la Ficalía descubriera las actuaciones del grupo.
De acuerdo con las investigaciones de la Fiscalía, el agente José Carrera Rodríguez y el cabo Luis Alberto Montoya Echeverri
lideraban la red.
El grupo entero se coordinaba a través de celulares que cambiaban constantemente para evitar que los detectaran.
Además, se reunían en sitios céntricos como las Carpas de Zea y Carabobo, la Plaza de la Luz o frente a las propias estaciones, a las cuales estaban adscritos, cada vez que requerían verificar los avances de una operación.
Estos agentes, al parecer, se valían de la información privilegiada que obtenían por su investidura y de la que les llegaba de sus contactos en el 'bajo mundo' y detectaban a personas con órdenes de captura, que traficaban drogas, imprimían libros 'piratas' o que falsificaban documentos, ropa de marca o accesorios de belleza.
Luego, montaban una operación con sus cómplices civiles o con compañeros que estuvieran en descanso y no lo reportaban a su central sino que lo hacían de manera particular para cobrarles plata a los responsables a cambio de no judicializarlos.
'Jesica', una civil que trabajaba con la banda, relató a las autoridades que conoció de un proxeneta llamado 'Jhon', que se hospedaba en un hotel del centro buscando niñas para prostituirlas en Urabá y que llevaba seis millones de pesos en el bolsillo. Mandó dos chicas menores de 18 años como 'carnada' y posteriormente abordaron al delincuente con el cual negociaron su libertad por 600 mil pesos.
Además, las autoridades descubrieron que los civiles de la banda vendían motos a través de un tercero. Luego, el dueño la reportaba como robada a la línea de emergencia 123 y los policías interceptaban al comprador y no solo le quitaban la moto sino que lo extorsionaban para no encarcelarlo.
Por si fuera poco, el grupo también hacía fleteo. Los investigadores detectaron llamadas de algunos agentes que vigilaban en la zona bancaria en las cuales llamaban a un delincuente y le indicaban si una persona salía con bastante dinero.
Así mismo, semanalmente, los jíbaros de plazas donde se venden drogas debían darles entre 15 y 35 mil pesos a cada uno de los integrantes de la banda a cambio de dejarlos 'trabajar' sin problema.
En un allanamiento en la casa del agente Carrera encontraron 18 pantalones verdes nuevos del uniforme de la Policía y 6 usados; 11 chaquetas nuevas y 10 usadas; 8 pavas; 2 camisas nuevas; 4 uniformes completos; 15 camisas verdes; 7 pares de botas; 1 reata y 1 estuche para arma de fuego, que habrían usado para uniformar a la 'policía paralela'.
Ninguno de los implicados aceptó los cargos, pero el juzgado Sexto Penal Municipal de Medellín, con funciones de control de garantías, consideró que las grabaciones y las evidencias físicas eran contundentes para legalizar la captura de cinco de ellos por concierto para delinquir agravado y hurto calificado.
MEDELLÍN
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